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Graham Greene: El Poder Y La Gloria - Circulo De Lectores
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Hay novelistas que descuellan por la finura del estudio psicológico, por la maestría de la descripción, por la excelencia del estilo.
Graham Greene, que desde la segunda Gran Guerra hasta la fecha ha ganado un lugar de excepción en la novelística contemporánea, reúne por entero esas virtudes. Pero no sólo en ellas radica la causa de su consagración dentro y fuera de las letras inglesas. Graham Greene ha ido más lejos, aventurándose sin desmayos hasta las regiones más profundas e inquietantes del alma humana. De allí, donde acaso la luz está hecha de sombras, extrae borrosos problemas y conflictos que su talento aborda y sintetiza, confiriéndoles la individualidad que necesitan para su cabal comprensión.
Así, en El Poder y la gloria, como en algunas otras de sus obras más representativas, coloca al hombre frente a su conciencia, que en este caso equivale a decir frente a Dios, obligándole a encarar los más intrincados y angustiosos problemas que puedan surgir en el interior de su alma.
Aquí es un sacerdote mejicano que actúa en tiempos de persecución religiosa. Pero no es un sacerdote convencional; y ni siquiera virtuoso. Graham Greene prefiere presentar un ser humano débil, pecador y, por momentos, despreciable. Tampoco hay en este libro un Méjico convencional. El escritor se guarda, con toda la eficacia de su alta calidad de artista, de caer en lo pintoresco y en lo folklórico. Éstas que van a leerse, son páginas recias, porque Graham Greene estiende el catolicismo como una religión viril y generosa, en la que es presiso dar mucho más de lo que se recibe; una religión de sacrificio, de abnegación, de inmolsción, según el ejemplo del Calvario.
J. G, el protagonista, tomó los hábitos para ganar con ellos el poder y la gloria. Era quizás un cristiano superficial, pero Dios había entendido su destino de otro modo. El poder radicaría en lo sobrenatural, en el privilegio de administrar sacramentos; la gloria, en representar la Verdad, a pesar de todas las caídas y debilidades que a este servidor indigno de su ministerio lo abrumaron en su paso por el mundo.
No estamos, de manera alguna, en presencia de una novela religiosa. Estamos frente a un terrible conflicto humano, planteado y desarrollado con admirable maestría. Su desenlace es trágico, sin que antes de llegar a él, Graham Greene se permita hacer una sola concesión al sentimentalismo o al melodrama.
Hemos dicho que se trata de un libro recio, en el que, sin embargo, campea sobria, y por lo mismo más enternecedora, una compasión, una caridad muy profunda, una esperanza inquebrantable en la misericordia. Por eso pudo decir Bruce Marshall: "No sé de otro escritor viviente que conozca con tanta seguridad lo que pasa por los corazones de los seres humanos, sean éstos de bandidos, jóvenes, semieducados o sacerdotes."
El poder y la gloria es sin duda una de las novelas máximas de nuestro siglo. Obsesionado por el problema del mal como tema en torno al cual gira toda su obra narrativa, el autor lleva a cabo en este libro una exploración implacable de los misterios del Bien y del Mal.
Graham Greene, que desde la segunda Gran Guerra hasta la fecha ha ganado un lugar de excepción en la novelística contemporánea, reúne por entero esas virtudes. Pero no sólo en ellas radica la causa de su consagración dentro y fuera de las letras inglesas. Graham Greene ha ido más lejos, aventurándose sin desmayos hasta las regiones más profundas e inquietantes del alma humana. De allí, donde acaso la luz está hecha de sombras, extrae borrosos problemas y conflictos que su talento aborda y sintetiza, confiriéndoles la individualidad que necesitan para su cabal comprensión.
Así, en El Poder y la gloria, como en algunas otras de sus obras más representativas, coloca al hombre frente a su conciencia, que en este caso equivale a decir frente a Dios, obligándole a encarar los más intrincados y angustiosos problemas que puedan surgir en el interior de su alma.
Aquí es un sacerdote mejicano que actúa en tiempos de persecución religiosa. Pero no es un sacerdote convencional; y ni siquiera virtuoso. Graham Greene prefiere presentar un ser humano débil, pecador y, por momentos, despreciable. Tampoco hay en este libro un Méjico convencional. El escritor se guarda, con toda la eficacia de su alta calidad de artista, de caer en lo pintoresco y en lo folklórico. Éstas que van a leerse, son páginas recias, porque Graham Greene estiende el catolicismo como una religión viril y generosa, en la que es presiso dar mucho más de lo que se recibe; una religión de sacrificio, de abnegación, de inmolsción, según el ejemplo del Calvario.
J. G, el protagonista, tomó los hábitos para ganar con ellos el poder y la gloria. Era quizás un cristiano superficial, pero Dios había entendido su destino de otro modo. El poder radicaría en lo sobrenatural, en el privilegio de administrar sacramentos; la gloria, en representar la Verdad, a pesar de todas las caídas y debilidades que a este servidor indigno de su ministerio lo abrumaron en su paso por el mundo.
No estamos, de manera alguna, en presencia de una novela religiosa. Estamos frente a un terrible conflicto humano, planteado y desarrollado con admirable maestría. Su desenlace es trágico, sin que antes de llegar a él, Graham Greene se permita hacer una sola concesión al sentimentalismo o al melodrama.
Hemos dicho que se trata de un libro recio, en el que, sin embargo, campea sobria, y por lo mismo más enternecedora, una compasión, una caridad muy profunda, una esperanza inquebrantable en la misericordia. Por eso pudo decir Bruce Marshall: "No sé de otro escritor viviente que conozca con tanta seguridad lo que pasa por los corazones de los seres humanos, sean éstos de bandidos, jóvenes, semieducados o sacerdotes."
El poder y la gloria es sin duda una de las novelas máximas de nuestro siglo. Obsesionado por el problema del mal como tema en torno al cual gira toda su obra narrativa, el autor lleva a cabo en este libro una exploración implacable de los misterios del Bien y del Mal.
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